Privilegio de la libertad.

Si tan sólo supieras que el ejercicio más pleno de tu entera libertad es lo que significa un compromiso, asumirías más un compromiso, precisamente por ser tan libre.

El ignorante, el inculto, cree que la libertad implica no hacer, o cambiar de postura cuando “se le pegue la gana», donde, por ejemplo, bajo su lógica, ello incluye que si “quedó formalmente” en asistir a alguna cita, en cualquier momento pueda desistir de ella incluso sin avisar a quienes le invitaron. Permíteme decirte que eso no es libertad, eso es libertinaje, el desenfreno de obra y palabra, la incapacidad para detenerse y mantenerse en la palabra dada, una evidentísima falta de educación, manifestación evidente de vulgaridad, enorme falta de clase, es cuando la gente se convierte en alguien de muy baja categoría. Es todo ello, menos libertad.

La libertad es el privilegio de comprometerse.

El compromiso es una oblicación contraída por elección plenamente libre. Sólo hasta que una persona conoce verdaderamente lo que es un compromiso es que se autofaculta para ejercer su verdadera libertad. Ahí la persona crece en categoría, avanza en dignidad. Precisamente por ser libre es que puedo elegir y así, asumir la responsabilidad de lo que implica mi decisión, el sublime acto de haber elegido dar mi palabra de honor y cumplirla precisamente para honrarla y así honrarme y con ello honrar a los partícipes del compromiso adquirido. ¡Así de sublime es alguien comprometido, alguien libre verdaderamente! Alguien cuyo nivel de persona ya se coloca en altísima calidad humana.

El hombre libre escucha con atención, valora y pondera lo que se le propone buscando un beneficio para sí y para los demás, luego, ejerce su libertad al elegir y con ello decide. Todo esto sucede dentro de sí, en el mundo de la no materia, en el pensamiento, en su espíritu, y empieza a manifestar en realidad física su elección libre mediante el uso de su lenguaje cuando articula palabra y la da, ¡expresando la resolución que tomó en su interior! ¡Dios! Es tan sublime entender lo que implicó dar la palabra… ¡es expresar tu compromiso! Es empezar a materializar la no materia. Es manifestar acústicamente un pensamiento, es hacer sonora una dimensión silente, no material, eso es expresar un compromiso y así, empezar el interludio que culminará con la materialización plena de tu intelecto, la sublime materialización de tu libertad: cumplir con la palabra dada, materializar la evidencia de tu promesa, actuar haciendo lo que se tenga que hacer para al fin estar ahí, donde se prometió estar, ya sea un lugar o una meta, es materializar evidentemente una idea, haciendo al fin materia lo que al principio fue un proceso intelectual por el ejercicio de la libertad, eligiendo. Esta es una soberbia manera en que el ser humano es capaz de crear materia a partir de la no materia. Es evidenciar nuestra parte divina, esa que en consonancia con el Creador… crea.

Sólo el que se compromete es libre. La persona libre crea.

Poca gente es libre. Muy poca. Poquísima.

Implica tanto, implica ser líder… ¡de sí mismo! Implica autogobernarse. Implica cumplirse a sí mismo. Si crees que eres alguien comprometido porque hacer lo que otra persona te ordenó, lamento decirte que no, eso no es un compromiso, eso es obedecer. El compromiso es cuando tú te ordenas y tú te obedeces a tí mismo. Es el ejercicio de tú libertad, no la de otro.

Cuando dichosamente dos o más personas libres se unen en un comprimoso (valga la redundancia) suceden asombrosas creaciones de magnitudes superiores a lo que cada uno pudo suponer. El compromiso es poderoso, o por decirlo con sinonimia: la libertad es poderosa. La libertad crea. La falta de libertad empantana tu existencia, es decir, la falta de compromiso estanca tu vida.

Observa tu vida. Observa si está estancada o si está floreciendo. Si eres sincero, alcanzarás a ver una relación directa con tu compromiso o falta de él. Sé fuerte y observa tu categoría como persona, y verás que también hay directa relación. ¿Quieres ver una señal de tu categoría? Observa la clase de personas a quienes atraes. La ley de semejanza es precisamente así, una ley. Atraes como espejos a gente de categoría semejante a la tuya. Usa esa información para seguir así o mejorar.

Espero estas líneas te ayuden a ser libre, a comprometerte felizmente.

¡Emoción por Existir!

–Alejandro Ariza.

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