Inercia.

A lo largo de los años he notado que cuando se tiene un problema suele venir acompañado con –casi su lógica– ansiedad, angustia y desesperación. Pero algo interesante es que a menudo, cuando al fin logramos resolver el problema, lo que desaparece es el problema pero no necesariamente la ansiedad. He notado que las emociones tienen inercia.

El diccionario de la Real Academia de la lengua española define inercia como: Incapacidad que tienen los cuerpos de modificar por sí mismos el estado de reposo o movimiento en que se encuentran. ¿No se oye tremendo eso de «incapacidad»? Imagínate haber tenido la capacidad de solucionar un problema pero no tener la capacidad de dejar de sentir angustia aún con el problema resuelto. Por ello debemos de poner atención no tan sólo a el reto de resolver el problema sino aprender a resolver la inercia de nuestras emociones.

Lo que mantiene a un cuerpo en reposo o movimiento es la fuerza o no que se le aplica. Bajo el breve análisis que estoy haciendo, entonces parece que la fuerza que mueve a nuestras emociones no fue el problema, porque éste se resolvió y a momentos la angustia persiste. ¿Te ha pasado que a momentos sientes ansiedad y no sabes por qué, incluso te sorprende que la sientas porque problema ya no tienes? Pues a eso me refiero. La pregunta sería: ¿Qué es lo que hace que la emoción siga? ¡El pensamiento… habituado a pensar en el problema! El problema puede haberse resuelto, haber desaparecido ya, pero nuestro pensamiento se habituó a pensar en él, consciente o inconscientemente.

Tenemos que aprender a resolver nuestra ansiedad a nivel de la fuerza que la mantiene, nuestro pensamiento. Sugiero lo siguiente:

  • Deliberadamente exponte a fuentes de información muy diferentes a lo que fue tu problema
  • Convive con personas que te inviten a pensar en temas diferentes a los que estás acostumbrado, convive con gente diferente a ti
  • Durante una temporada evita a personas que tienen el mismo problema que tuviste
  • Lee historias o novelas
  • Escucha música que irradien entusiasmo y fe en la vida
  • Ten paciencia

Un problema puede estar resuelto pero tu pensamiento acerca de él no. Por ello necesitamos aprender a trabajar al nivel donde se encuentra la fuerza que mueve nuestras emociones: nuestros pensamientos. Es un arte trabajar con nuestros pensamientos, de hecho, por grave que haya sido el problema, fue más fácil trabajar en su solución que en nuestros pensamientos con respecto al problema. Tenemos que romper con la inercia de nuestras emociones, y para ello necesitamos aplicar otra fuerza que detenga o mueva en sentido contrario nuestras emociones. Esa otra fuerza es otro pensamiento. De aquí lo valioso que es tener a un mentor, un maestro o un coach de vida, ir a terapia o tener la bendición de una amistad de mayor evolución espiritual y mucho más inteligente… ¡Y dedicar tiempo para conversar con esa persona poniéndole total atención!

Las palabras, que son la manifestación acústica de un pensamiento, resultarán ser la fuerza que podrá detener la inercia de nuestros pensamientos. Deseo que encuentres alguien que te haga tanto bien con sus palabras. Las palabrasson argumentos de vida que troquelan nuestras emociones.

¡Vive con entusiasmo!

–Alejandro Ariza.

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