Ángel de la fortuna.

Hoy por la mañana, mientras me encontraba disfrutando intensamente de mi exquisito café de grano recién molido y preparado en mi prensa francesa (modestia aparte, me queda tan delicioso), al tiempo que gozaba de mi sabrosísimo hotcake hecho a base de pura almendra y sin azúcar ni harinas…, decidí revisar mi Twitter y me encontré con esta entrada que retuiteó una “autoridad” en finanzas que suelo leer:

 

Se me hizo tan interesante analizarla brevemente que aquí me tienes. Primero que nada, la persona que tuitea esto no pone su nombre real, desde ahí me merece un gran descrédito. Ya en varias de mis publicaciones te he sugerido que si quieres que se te tome más en serio, pon una buena foto, actual, real, de tu rostro como avatar y escribe tu nombre verdadero. De lo contrario, todo lo que comentes perderá seriedad y, para muchos, validez. Si embargo, y paradójicamente, publico aquí esta entrada de esta “anónimo” por lo que pone como última frase: “Cosas que quisiera escribir en Facebook”, con lo que encuentro congruencia entre su anonimato y no atreverse a escribir en Facebook. Su comentario parece la crítica de cómo alguien se atreve a publicar una imagen de un “ángel de la fortuna” al mismo tiempo de tratase de alguien con estudios de postgrado. Parece que la persona que critica parte de la base de que una persona con postgrado, por lo mismo, no debería de publicar un “ángel de la fortuna”, me imagino de esos que dicen que si lo publicas en Facebook, el dinero llegará a ti y que si lo compartes con más de 10 amigos en menos de tres minutos, el dinero llegará aun más rápido. Los he visto.

Pensar que alguien con estudios de postrado no tiene problemas económicos al grado de empezar a creer que podría funciona el publicar un “ángel de la fortuna”, es como creer que un médico por serlo, jamás se podrá enfermar. Si tu supieras de la cantidad de personas que conozco con estudios de postgrado que tienen severos problemas económicos, tomarías el tema más serio y jamás harías una crítica como nuestra ganster tlacololero. Me acuerdo de haber tenido una conversación hace tiempo con un amigo que tiene estudios de postgrado, que me llegó a decir: “Ay Ariza, de verdad que estoy pasando por un momento tan crítico (económicamente hablando) que hasta empiezo a querer creer que esos mails que recibo, creo al igual que miles de personas, donde la esposa de un sultán de Budapest se encuentra desesperada para poder depositarle a alguien los cientos de millones de libras esterlinas que quiere donar y suplicando una cuenta donde los pueda regalar porque está a punto de morir y no quiere que su gobierno se los quede…, pues responderle que puede depositarme a mi cuenta”. Sencillamente nos reímos, pero noté que en sus comentarios había un cierto tono de verdad, de deseo.

Para mí, no tiene absolutamente nada de malo creer en ciertas cosas, por absurdas que parezcan, que pudieran atraer abundancia a nuestras vidas, ya sea publicar en facebook una cadena con el ángel de la fortuna o poner un borreguito detras de la puerta o un gatito japonés moviendo la patita frente a la entrada de la empresa donde se labora o ponerte calzones amarillos o rojos el 1º de enero. Lo que pienso es que, luego de que creeas de que alguno de estos ritos o mitos funcione, viene un segundo paso, quizá el más difícil para dar en muchos casos: que estés abierto para recibir una señal y te atrevas a seguirla. Este segundo paso es donde se atoran muchos y por ello llegan a frustrarse porque el angelito o el borregito o el gatito o los calzones no les funcionó. Ejemplo: la mujer frustrada, desesperada por ser soltera, y a la que le recomiendan rezarle a un San Antonio de cabeza. Imagina que esta mujer, con postgrado, sigue las instrucciones. Pone un San Antonio de cabeza, le reza, le pide, hace una carta describiendo a su pareja ideal, y mientras lleva varios días rezando, de repente recibe una llamada telefónica donde una amiga la invita a salir para ir a una exposición de arte. Y nuestra amiga rezadora le dijera: “Ay amiga, no gracias. No me gustan esos lugares, me aburren, además, prefiero quedarme rezandole a mi San Antonio de cabeza para ver si ya me encuentro a alguien para dejar esta pesada y discriminatoria soltería”. En este tipo de ejemplos, me llego a imaginar al mismísimo San Antonio con unas ganas de enderezarse y soltarle un cachetadón buenísimo a la susodicha mujer diciéndole: “¡Carajo! ¡Ya deja de rezarme! Ya te escuché y te acabo de mandar una invitación a salir porque una persona como la que me dijiste que te interesa va a ir hoy a esa exposición de arte. Por piedad ya deja de rezar y sal a hacer lo que tienes que hacer para que lo que pediste en tus rezos lo cumplas poniendo de tu parte. Aissh”. Y pum, se vuelve a poner de cabeza encabritado.

Tu puedes creer en lo que sea, pero acto seguido, debes poner de tu parte. Debes atreverte a hacer algo que nunca antes habías hecho para probar un camino nuevo y diferente. Si esperas que algo cambie mientras siguies haciendo exactamente lo mismo que vienes haciendo siempre, se trata de un tipo de mente insana.

El ego de las personas con postgrado o el ego de personas ocupando altos puestos en una empresa es lo que les limita a publicar algo que “no es digno” del nivel que ostetnan. Mi ArizaTip es que hagas caso omiso a tu ego y si “te late” que algo puede funcionar, ¡llégale! Publica lo que quieras, cree en lo que quieras, pero acto seguido: HAZ TU PARTE. De lo contrario no funciona. Estas gorda, gorda, gorda. Desesperada asistes al especialista afamado en bajar de peso a la gente con técnicas poco ortodoxas, pero tu desesperación por bajar de peso te hace creer en la posibilidad de lo que ese “raro” médico dice, funcione. Te da una dieta “especial”, y luego de que ya fuiste, pagaste la consulta, tienes su dieta secreta en la mano, decides no hacerla así como dice. Y luego te quejas porque no bajaste de peso. ¿El médico con su extraño tratamiento falla y está mal? ¡Claro que no! Simplemente no hicieste lo que se te indicó. Tu ego te dijo que eso no, y le hicieste más caso a tu ego que a una señal de destino.

Nuestra susodicha gangster tlacololero debería más bien preguntarse que si le molesta haber visto en su facebook a su amigo con postgrado publicando un ángel de la fortuna, por qué lo sigue, por qué lo tiene en su Facebook. Nadie está en tu Facebook que tú mismo no hayas elegido seguir o aceptar. Son de esos casos donde lo que te molesta de facebook más bien puede empezar a revelar algo que te molesta de tí mismo. Facebook es un gran espejo de tus deseos más profundos. Pero bueno, ese es tema de una conferencia, no de un breve comentario en mis ArizaTips.

Si crees en algo, la fuerza transformadora no suele estar en ese algo, sino en el poderoso hecho de que tú creas. Creer siempre es una invitación a crear. Pensar es el origen del hacer. Sólo necesitas dar ese paso que puede significar toda la diferencia en tu vida. Atrévete a seguir las recomendaciones de aquello en lo que crees, obedécele tal cuál discípulo a un maestro, y observa lo que sucede.

Vive con entusiasmo.

–Alejandro Ariza.

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